28 de enero de 2026
Avalancha en la App Store: el «vibe coding» dispara las nuevas aplicaciones
¿Has notado que las tiendas de aplicaciones se han llenado de novedades últimamente? no es una casualidad ni una racha de creatividad humana repentina. La inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego hasta tal punto que saber programar ya no es un requisito indispensable para subir un proyecto a la red.
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El auge de la programación por sensaciones
Vivimos un momento extraño y fascinante en el mundo del desarrollo de software. Hasta hace muy poco, si querías lanzar una aplicación móvil o un servicio web, tenías dos caminos: o estudiabas lenguajes complejos durante años o contratabas a alguien que ya hubiera pasado por ese calvario. Ahora ha surgido una tercera vía que lo está poniendo todo patas arriba. Se llama «vibe coding» y consiste básicamente en explicarle a una máquina qué es lo que quieres, dejar que ella escriba el código sucio y tú dedicarte a supervisar el resultado. Esta nueva programación agéntica ha democratizado el acceso a la tecnología de una forma que no habíamos visto antes.
Los datos que manejan grandes fondos de inversión indican que el lanzamiento de nuevas aplicaciones en la App Store de iOS creció un 60% el pasado diciembre respecto al año anterior. Veníamos de tres años de estancamiento, donde las curvas eran planas y el mercado parecía saturado, pero la llegada de asistentes de IA ha provocado una auténtica explosión en las tiendas de aplicaciones. La barrera de entrada ha caído y miles de personas se han lanzado a probar suerte.
Herramientas como Cursor, Bolt o los propios modelos de Google y Anthropic permiten que un usuario sin conocimientos técnicos describa una idea en lenguaje natural y obtenga un resultado bastante decente. Puedes pedirle que te monte una lista de tareas, una calculadora de hipotecas o un clon sencillo de un juego famoso. La máquina interpreta tus deseos y te entrega el paquete listo. Esto ha hecho que cualquier persona con una idea, por loca que sea, pueda convertirla en un prototipo funcional en cuestión de una tarde.
La situación recuerda mucho a aquel lejano 2008, cuando Apple abrió las puertas de su tienda y pasamos de tener unos pocos cientos de aplicaciones a miles de millones de descargas en tiempo récord. La diferencia es que entonces hacían falta desarrolladores con experiencia peleándose con el código. Hoy el fenómeno es mucho más masivo porque la capacidad de creación ya no está limitada al talento técnico.

Sin embargo, esta facilidad para crear software trae consigo miles de nuevos desarrolladores que, en realidad, no saben lo que están haciendo «bajo la fachada».
No es oro todo lo que reluce en el código
Aquí es donde debemos poner los pies en la tierra. Que la inteligencia artificial pueda escribir código no significa que ese código sea seguro, escalable o que esté listo para soportar un negocio real. Expertos del sector como Midudev ya advertían hace meses que por mucho que le pidas cosas a la IA, no vas a conseguir montar el próximo Airbnb con una simple frase. La realidad es que crear una compleja aplicación requiere entender de arquitectura, de bases de datos y de seguridad, algo que el «vibe coding» a menudo pasa por alto.
Tenemos ejemplos recientes que demuestran el peligro de confiar ciegamente en la máquina. Hubo un caso muy sonado de un usuario, llamado Leo, que montó una plataforma completa usando estas herramientas y consiguió usuarios de pago en tiempo récord. La alegría duró poco. A los dos días tuvo que pedir socorro porque su aplicación estaba exponiendo claves privadas, el sistema de cobros era un coladero y la base de datos colapsó. Si vas a manejar datos de clientes o cobrar por un servicio, necesitas una infraestructura robusta, como unos buenos Servidores Cloud, capaces de aguantar el tráfico y configurados por alguien que entienda cómo evitar estos errores básicos de programación.
¿Oportunidad o espejismo para tu negocio?
No todo es negativo, por supuesto. Para un emprendedor o una pyme, estas herramientas son fantásticas para validar ideas rápido. Antes, probar un concepto te costaba meses y miles de euros; ahora puedes montar una versión preliminar para ver si tiene sentido. El valor real de esta tecnología está en su capacidad para empoderar a la gente creativa y permitirles visualizar sus proyectos sin depender de terceros en la fase inicial. Incluso para los programadores expertos, estas herramientas actúan como un multiplicador de productividad.
El problema se da cuando confundimos ese prototipo con un producto final. Si tu objetivo es montar un negocio serio, captar clientes y facturar, no puedes basar toda tu estrategia en un código que no entiendes y que ha escrito un robot. Llegará un momento en que necesites personalizar una función, arreglar un fallo crítico o escalar el sistema, y ahí la IA no podrá salvarte. Para esos casos, lo ideal sigue siendo contar con un equipo humano que se asegure de que todo funciona correctamente y es estable.
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