05 de febrero de 2026
¿Estamos preparados para un mundo sin contraseñas? Así está realmente el panorama en 2026
Una para el correo, otra para el banco, otra para la tienda online, y muchas veces utilizando la misma contraseña una y otra vez. El sistema parece tan viejo como la rueda pero, ¿y si ya no lo necesitamos? ¿Y si ha quedado obsoleto y empieza a resultar insuficiente?
Las contraseñas son muy fáciles de robar mediante phishing, correos, webs o SMS que imitan a servicios legítimos y convencen al usuario para que entregue su clave sin darse cuenta de que lo están estafando. Además, tendemos a reutilizarlas en muchos sitios; y cuando una se filtra, se abren muchas puertas a la vez. Por no hablar de que nuestra memoria no puede almacenar varias contraseñas a la vez y siempre nos olvidamos de alguna, lo que dispara procesos de recuperación de cuenta engorrosos y que no siempre son seguros.
Este batiburrillo de problemas ha llevado a las empresas a idear mejores sistemas de acceso desde el punto de vista técnico y desde la experiencia de usuario: las Passkeys.
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Passkeys: el candidato a sustituir a las contraseñas
La apuesta que se está imponiendo son las passkeys, credenciales digitales basadas en criptografía de clave pública que permiten identificar al usuario sin que tenga que escribir nada. Con unas passkey no hay que introducir una contraseña en una web, ya que es el propio dispositivo el que demuestra quién eres con huella dactilar, reconocimiento facial o un PIN.
Así, ya no hay una clave que alguien podría interceptar o copiar. Tu móvil u ordenador firma de forma criptográfica la operación y el servicio remoto verifica que esa firma es válida, un sistema mucho más complicado de falsificar que una contraseña en un formulario.
Grandes empresas como Google o Amazon ya están implementando passkeys en sus servicios, así como algún Gobierno como el de Alemania.
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Si son mejores las passkeys que las contraseñas… ¿qué frena el salto definitivo?
Aunque el soporte ha crecido mucho, no todas las páginas webs y plataformas aceptan todavía passkeys. Los equipos de desarrollo tienen que adaptarse a ellas poco a poco. Por otro lado, una parte importante de la población ni siquiera sabe qué es una passkey. Muchas personas siguen confiando en contraseñas de toda la vida, en lugar de dar el salto a sistemas más modernos y seguros.
Que el cambio sea real y masivo dependerá de dos cosas: que la infraestructura termine de ponerse al día y que los usuarios confíen en estos nuevos métodos.
Ahora bien, conviene no idealizar las passkeys: los sistemas sin contraseña también plantean sus propios retos de seguridad y privacidad. ¿Qué ocurre si pierdes el dispositivo donde guardas tus passkeys? ¿Cómo se gestionan esas credenciales en organizaciones con muchos empleados? ¿Qué nivel de control tienen las plataformas sobre esos datos biométricos o esos inicios de sesión? Son preguntas que hay que hacerse y dependiendo de las necesidades de seguridad, tener muy en cuenta.
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