Un dispositivo cerebral y la IA convierten los pensamientos de escribir en texto

Un dispositivo cerebral y la IA convierten los pensamientos de escribir en texto

Hace unas semanas te contamos que la mente puede mover un exoesqueleto. Y ahora descubrimos que unos científicos de la Universidad de Stanford han publicado su estudio ‘High-performance brain-to-text communication via handwriting’ en la revista Nature (número 593, págs. 249–254, 2021), donde afirman que las interfaces cerebro-ordenador (BCI, Brain–computer interfaces) pueden devolver la comunicación a personas que han perdido la capacidad de moverse o de hablar.

 

Para el estudio han trabajado con un hombre de 65 años que tenía el cuerpo paralizado de cuello para abajo por un accidente, en un ensayo clínico llamado BrainGate2. Al individuo se le implantaron dos diminutos sensores en la parte del cerebro que controla la mano y el brazo, lo que hizo posible que la persona moviera un brazo robótico al intentar mover su propio brazo paralizado, o un cursor en una pantalla.

 

Para preparar al participante, se le pidió que se concentrara en imaginarse que escribía letras minúsculas a lápiz en un cuaderno. Para que el software aprendiese a reconocer las señales neuronales repitió cada letra 10 veces. Una vez completada esa fase se procedió a probar el sistema BCI. Cuando el hombre se imaginaba escribiendo, un algoritmo de aprendizaje automático reconocía los patrones que su cerebro producía con cada letra e iba escribiendo en tiempo real en la pantalla lo que dictaba la mente del participante. Con este sistema el hombre pudo copiar frases y responder a preguntas a una velocidad de 90 caracteres por minuto (unas 18 palabras), similar a la de alguien de su edad escribiendo en un smartphone, unos 115 caracteres por minuto (unas 23 palabras).

 

Este mismo equipo de investigadores había conseguido previamente que un usuario imaginara que marcaba en un ordenador las teclas con las que quería escribir, pero la velocidad obtenida fue de 40 caracteres por minuto, menos de la mitad de la velocidad alcanzada cuando el software transforma los trazos que imagina escribir a mano en texto visible en una pantalla. La BCI es más rápida porque cada letra provoca un patrón de actividad muy distintivo, lo que hace que el algoritmo distinga con relativa facilidad una de otra. Los próximos pasos son tener un sistema más completo que incluya la navegación de apuntar y hacer clic, e incluso la decodificación y reproducción del habla.

 

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